lunes, 18 de mayo de 2009

No me enorgullece

Aquí muere una de esas cosas que tienen necesidad de salir en algun momento y se convierten en "escritura". Ahora, largo rato después, tiene que continuar su camino hacia la basura/depósito: el blog. Es que me da cosita eliminarlo porque por las consecuencias de todo esto abrí este espacio asi que..
Entreténgase, pues, lector con un poco de autobiografía mal disimulada. (Más mal disimulada que de costumbre).
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Advertencia: son varios capítulos soporíferos.
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I-
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Lo iba buscando por la calle y apareció sin mas por ahí, por mi segunda pequeña casa improvisada. Buscaba alguna emoción, buscaba esfuerzo. Entre la repetición constante descubrí algo similar y distinto.
Terminamos después de un tiempo nada prudencial en aquella cama hundida, usada de mi dulce hogar.
Yo siempre dije que aquella era mi hermana y el correr del tiempo lo confirmó, lo confirmé. Mi hermana de convivencia sencilla y roles bien establecidos. Pero esto se trata de él, tal vez de ellos, pero nada más.
Quería más protagonistas en mi vida ya que algunos habían decidido partir sin mi consentimiento. Lo construí, lo fui armando como un playmobil. Ya en pocos días volví a mi rol de señorita pero ahora, eso sí, con leves cambios. En algún momento de leve lucidez una de mis inquietudes era su poder de acción que se notaba bastante mayor al mío. Este chico es aun más manipulador que yo. Y la que se fue haciendo a su imagen, cediendo desde aquel encuentro fui yo.
Nos encontramos en un verano que se pretendía oscuro pero que insistía con brillar y la gente se agolpaba para tener un lugar en nuestro viaje. Locuras de por medio me alegraba. Me alegraba mi hermana aunque temprano tuve que dejarla partir y debí resignar mi hogar para hundirme en la mierda triste pero con terraza.
Plagada de charlas psicoanalizadas empecé a conocerlo, salimos esa primer noche larga y me moría por dormir con él. La moral no existe y soy una guevarista de este postulado que me acompaña hace un tiempo. Los valores fluyen y las acciones se acomodan de acuerdo a los sentidos o acaso somos más que un animal, tan solo basta ver a los muchachitos de Gran Hermano. Pero actuando se manipula y más cuando no hay otro camino, entonces jugué a ser una de esas muñequitas frígidas de aquel novio gay llamado Ken.
¡Qué lindo es jugar de a dos!
Fui descubriendo al poco tiempo todo aquello que lo atormentaba. Me desgasté hasta que empezó a hacerlo él. Relevamiento. En poco tiempo me asignó un rol y me acordé de ella. Tenes que ser fuerte porque sino te va a pasar por encima. Y al otro día amanecí pensando lo inútil que son los consejos. Yo a su lado poniendo la mesa y lavando los platos.
Nos conocimos una noche rara y al momento ya me tenía.
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II-
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La absorción comenzó sin darme cuenta. Ahora veo que todo ocurrió sin mi consentimiento y sin mi conciencia. Sólo ocurrió, devino. Caminar era una rutina sencilla pero querible. Sus gestos eran constantes y yo estaba en primer lugar. Diego me integraba a su vida rápidamente y yo siempre la misma, la yegua fría.
Pasé un verano de amor, de dulzura que chorreaba. Poco a poco me fui resignando al amor de él.
Me abraza y me pregunta si lo extrañé. Yo sonrío. ¿Miento? Quiero mentir, estoy confiada, él me hace sentir así.
Rumbo al sur los besos largos y las charlas simples. Te gusta ser culto en la cama. Cosa extraña me abría un poco de su mundo después del sexo. Querrías sentirte querido, necesitabas sentirte bien.
Me fui construyendo el futuro que él quería sin abrirme, sin mostrarme. Por algo no quería serle. La intuición que cultivo no se resignaba a mis ganas de enamorarme.
El manipulador ganaba siempre y la semana previa no fue la excepción. Como siempre al río y me ahogue fácil en esa agua pútrida. Planteo armado que no enuncie por primera vez. Fui débil y me dolió. Se había tomado un receso que no creía importante y que me condujo a mi primer depresión.

martes, 28 de abril de 2009

Cuanta gente que transcurre por la casa, cuanto movimiento que se desliza en un sillón de garche. Un objeto activo, que hace y juega a no hacer, hasta que no hace. La pasividad del humano se me enfrenta y me viola.

"...esbozó una sonrisa de conquistador e introdujo su lengua entre los pelos. Enferma, iluminada, Marie parecía feliz, sonrió sin abrir los ojos. Una alegría insoportable la elevaba hacia un cielo inmenso de donde, entre nubes negras, emanaba un calor terrestre."

"Con los ojos húmedos de lágrimas, ella se reía y se debatía. La felicidad nos agarró de los pelos, como si hubiésemos estado enfermos y hubiéramos debido ser operados.

-¡Cerdo!- me gritó ella.

-¡Insúltame!

-Te convertiré en una sucia cochina- le dije a media voz.

Ella metió su lengua en mi boca.

Con el aumento de la excitación, ya no sentiamos el extremo malestar. Ella me dijo:

-Me miras así, de abajo, como un perdido. Mirame en el fondo de los ojos. Dime, si miras ahí, te lo muestro, te ríes. Me voy a vestir, me mirarás fijo en el fondo de los ojos, sabrás bien lo que quiero con el fondo de los ojos. Querría que tuvieras los ojitos de un chico, ojos que desvisten, ojitos oblicuos que se burlan. Querría que me miraras al mismo tiempo debajo de la falda y hasta en el blanco de los ojos. ¡Ah, si fueras dos, si fueras diez!"

Fragmentos de "El muerto" y "Santa" de ese tipo degenerado, un tal Jorge Batalla.

domingo, 1 de marzo de 2009

Pasiva

Cedo siempre a tu sexo. Te vas frustrado y la molestia me excita.

Te pienso y me dejo coger mil noches, por mil tardes negadas.

miércoles, 11 de febrero de 2009

Autoabastecimiento

Me toco en tu imagen, que toco y se transforma
Toco poco en mi mente
que se prefiere egoísta
El roce delicado de tu mano que siente, que percibe
rodeando
demorando


Se desliza la ropa sólo lo necesario para poder
darle el efecto a mi pensamiento
Se pasean imágenes y me voy del punto
Busco aquello perverso que excite rápido
Recuerdos de aquella casa de putas, ese,
el cuarto húmedo de medias luces
en el que aprendí a contarle el ritmo a una mujer
los labios se mojaron con cosas nuevas
y grité, alguna vez, de satisfacción con varias manos

Simultaneidad de escenas.

Simultaneidad.

Y una ducha que siempre se lleva mi sexo negado.
Golpe de efecto.

Ahora la tranquilidad del autoabastecimiento.

domingo, 25 de enero de 2009

Hace dos días

I
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Ahora, escribiré la historia de unos momentos extraños. Me parece que tengo simplemente la ocurrencia de escribir esa historia y el deseo de realizar esa ocurrencia, como si los momentos esos no me hubieran pasado a mí. Pero cuando ellos pasaron, yo no tenía simplemente esa ocurrencia y ese deseo; tenía la violenta y desesperante necesidad de que esos momentos quedaran como fotografiados con el mayor número de detalles, para que después, ella, a quien amo, lo supiera, y entonces yo podría hacerle las preguntas que me salían en esos momentos.
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II
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Ahora, me parece que eso pasó hace mucho tiempo; pero pasó hace dos días y al poco rato de oscurecer. No sé si ella, a quien amo, le habrán pasado momentos parecidos, y esto precisamente, era lo que más me desesperaba en aquellos momentos. Yo estaba solo y en mi casa; ella estaba lejísimos y no sé si estaría en su casa. Los dos estamos en plena enfermedad de amarnos; hace dos días mi enfermedad recrudeció de pronto y tuve un ataque tan agudo como si me fuera a morir. En ese ataque me parecía que la vida se me salía del cuerpo para que ella la tomara en sus manos; pero ella estaba lejísimos y no sabía, y no sé si presentiría lo que a mi me pasaba. Yo, en el ataque, quería saber si ella me amaría tanto, y si habría tenido en momentos que yo no supiera ataques parecidos. Entonces , me golpeaba la cabeza con la punta de los dedos y me preguntaba: ¡¿”Qué cosa sentirá ella en esta misma cosa”?!
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III
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Ahora podré acomodar tranquilamente el mayor número de detalles; pero hace dos días y al poco rato de oscurecer, yo andaba entre las paredes de esta pieza y creía que con un solo detalle tendría que ser tan justo, tan verdadero, tan igual, que ahora, pensándolo despacio, me parece monstruoso. En aquel momento pensaba que si ella, a quien amo, viera y sintiera cómo era el color verde de estas paredes estaría todo arreglado; pero yo no podía darme cuenta de la cantidad de cosas que en mi desesperación, me hacían ver este color verde así. Además el color verde era lo que más veía, pero no lo veía con una impresión definitiva de la visión: recuerdo que cuando quise concretarlo, elegí para concretar otra cosa, y entonces pensaba: haré un rayoncito en la mitad de un papel y luego le diré: “¿Ves este rayoncito? Cuando lo hice te amaba espantosamente”. Pero enseguida me chocó que el rayoncito fuera en la mitad del papel, porque me imaginé ese papel en un cuadro con marco y vidrio. Yo sentía que todo eso se me iría y yo no lo podía concretar, como que tenía mucho tiempo y lo desperdiciaba con mi imprecisión. Pero ocurría otra cosa, y era que la condición de ese estado de espíritu, casi implicaba no poder concretar de él otra cosa, que lo que después sería recuerdo; y por eso me golpeaba la cabeza con la punta de los dedos y pensaba: “¡¿Qué cosa sentirá ella en esta misma cosa!?”
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IV
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Ahora, yo recuerdo, y me vuelvo a excitar un poco; pero en aquella excitación, también quise escribir: andaba alrededor de este mismo escritorio y pensé en escribir dos veces el monosílabo “ya”; pero en el momento en que escribia la segunda vez “ya” , me venía dando cuenta de que eso pasaría, y me pregunté si precisamente cuando habia decidido escribir, era porque el ataque me disminuía; pero enseguida me di cuenta de que no, que el ataque me duraba, que tenía una inercia muy grande, que la necesidad de hacer algo que quedara no podía detener “eso”, que alguien que observara no podría notar el grado en que se detenía o entorpecía la marcha. Sin embargo tuve miedo de que “eso” se detuviera, y decidí no escribir y que no quedara nada; pero empecé a pensar cosas, que fatalmente detuvieran “eso”.El escritorio me parecía un burgués que me obligaba a acomodar todo con calma, porque yo en mi fiebre no podría decidir de golpe como era todo aquí y en ese momento. Si yo hubiera sido un empleado con méritos de mil años , y hubiera pedido en compensación una sola irregularidad; si hubiera pedido el avión más veloz para poder ir hasta ella, tampoco hubiera llegado a tiempo; y además, todo hubiera sido distinto. Entonces me empezó a parecer absurdo lo de los ferrocarriles y las cartas y los carteros: todo había que hacerlo lento, medido y como con odio.
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V
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Ahora, yo recuerdo cosas que no son de tanta violencia interior, que son más exteriores e inconscientes, pero que son mucho más bellas. Cuando yo andaba por entre esas paredes verdes y tenía el ataque de amarla, llegaba hasta la puerta, y aunque no la abría sentía como era afuera la calle que pasa por mi casa y los árboles de enfrente; y todo eso, junto con ella. También a veces, caminando en sentido contrario, cruzaba una cortina amarilla y llegaba hasta el patio que tiene paredes de color naranja, y que en ese momento estaba un poco oscuro. En ese patio, al dar vuelta en la semioscuridad, también tuve momentos extraordinarios. Poco después que pasaron esos momentos extraños en que andaba por esta pieza y el patio, y sentía cómo era la calle que pasaba por mi calle y los árboles de enfrente; después que estuve en el escritorio y quise escribir, después que sufrí la traición de lo lento y lo medido; entonces, después, al mucho rato, pensé suavemente en ella y en mi: me imaginaba cómo sería cuando nos diéramos el primer beso, como sería de ancha su cara cuando yo estuviera hundido en ella, y como sería el silencio alrededor de ese beso.
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Felisberto Hernandez (1931)

martes, 16 de diciembre de 2008

Mi fin de semana



Descansa tranquila y muy de pronto un grito, la furia penetra en esa casa lejana. Esa quinta tranquila de las afueras se llena de golpes breves y retorna el silencio.
Silencio.
Un techo de chapa. Una ventana ruidosa.
Ella vuelve con mariposas en la panza, con latidos intensos.
No hay nadie aquí. Una falta. No regresó, se perdió en la mañana de la paz.
Ella grita, otra vez. Llanto, llanto.
Llantos.
El sonido polifónico de un teléfono que no se detiene, no se detiene la desgracia. No.
No puede entender en donde está. Tiene sueño y no logra comprender la intensidad de ese instante en el que no hay solución. Un paso en falso. Dio un paso equivocado y la catarata de mierda se desencadenó.
Plaza de pueblo invadida de eso. El diario que pulula de noticias como aquella pero la superposición de bosta de caballo pasa desapercibida en el campo.
Cúmulo, cúmulo de algo que no se detiene.
Entra y vuelve a gritar. Esa que lo mira todo pasar, parece fría, muda.
Las ventanas abiertas y las cortinas que flamean muy poco por el fuerte calor.
Llanto, caras desencajadas y el telefonito de fondo irritándolo todo, llenando de más ruido y tapando las palabras ausentes.
La plaza de pueblo, lo que determina cual de aquellos es mas o menos pintoresco, es donde se lleva a cabo la trampa. Una se salva. La otra amanece en un descampado con vista al lago.

sábado, 22 de noviembre de 2008

El que dejo la vida


Quise bajarme antes
pero el deseo es engañoso
y se aleja del yo.
Quise dejarla
Apagar todo y
Caer.
Hundirme en el fango.

En la mierda del agujero que dejó
ese que sí la dejó.

Él que la adoraba se fue
Y me castiga por querer seguirlo.




Abril 08

sábado, 1 de noviembre de 2008

Hay un avion volando

Hay un avión volando. Un avión que cruza y llega todos los días a paraíso distante. Hay un paraíso allá mal configurado, sostenido de unas cuerdas de pintor fumado. Se bambolea con sus caderas de madera y vomita si mira al piso.
Vorágine de papel con la que una pobre nena asustada solo empezaría un asado. Eliminar. Solo se debe quitar el problema y uno puede dormitar tranquilo.
Ausencia. Palabras grandilocuentes, llenas de miedos que lo pueblan. ¿Dormitar? ¿Dije dormitar y no dormir? La transformación de tu mano pesada que gana pequeños trozos de territorio para dejarme sin mi cama de paz.
Pobre nena que grita una vez más en un silencio infinitamente revisitado.
Aviones que se despegan de una tierra apesadumbrada, quieta. Ellos se van.
Vuelvo a mi cama, intento cerrar, tal vez, los ojos. El más egoísta de todos, ni eso me dejo.


Creo escuchar que me llaman…


Corriendo respondo a perderte.
 
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