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domingo, 11 de octubre de 2009

frío, frío

La tarde crucial frente a un hombre en su vida incomparable de hombre: sus ojos, el valor del silencio, su advertencia, su disposicion sin atenuaciones.
Esas dos frases únicas que terminaron brotando al influjo a su vez incomparable de haber llegado hasta sus delimitaciones. La luz amortiguándose y de improviso los dos torsos que se inclinan como si un motivo por demás inquietante estableciese el acuerdo de preferencias.
Un hombre que desagravia por entero el aturdimiento de haberlo perdido todo sin comprender para nada el motivo.
La tarde crucial, el ahogo único imposible contra sus manos providenciales.
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Néstor Sánchez- "Devociones" en La condición efímera.

viernes, 29 de mayo de 2009

No me enorgullece

V-
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Violencia y llanto mal contenido. No lo entiendo, ¿se puede ser cruel y seguir sin más? La broca me brotaba como la peste, quería salir de mi a cualquier precio.
Mi progenitor era un problema, y sólo por casualidad era el problema de todos los que seleccionaba para estar a mi alrededor. Diego y aquel otro, el de los ojos claros padecían la misma enfermedad, y esas, mis hermanas, también.
Se mezcla un odio con el otro. La raíz de este sentimiento que diezma mi racionalidad es la misma. Acepto pero no comprendo y un día la cara de póquer falla. O peor su cara falla y mi mirada se queda esperando.
Uno de ellos no puede escapar pero el otro se esconde bajo su cama. Pide tres veces con los ojos bien cerrados ser un niño para siempre, no crecer. Le gustaría abrirlos y ya no estar en su dormitorio de la casa paterna con paredes azul- celeste pero no hará algo para cambiarlo. Todo implica mucho esfuerzo. Una mujer implica mucho esfuerzo. Jugarse nunca, sólo jugar.
Lo llamo con la mente, le grito pero me destruyo por querer luchar por un imposible. Guevara...guevarista y suicida. Me habla, reaparece de vez en cuando para reafirmar su lugar. Yo lo atiendo rápida, semi enojada. Pero el bueno de Dieguito ya me conoce, sabe que no tardo en obedecer.
Esa tarde como miles que van, la convenzo a ella para que nos deje a solas. Un gran reencuentro después de un mes. Él está con nuevos proyectos, el día anterior me cuenta que filmó por fin un corto. Voy a ser yo la dichosa en verlo completo por primera vez. Me enamoro como nunca, lo idealizo como siempre.
Ahí está él, firme, serio. No trajo el tape porque se lo quedo un amigo, otra vez será. Lloro por dentro pero no tanto como después de encontrarme desnuda a su lado. Porqué se gastará en convencerse, en convencerme que no es así.
- Yo no puedo acostarme con alguien si no lo siento, sino lo quiero aunque sea por ese instante- me dice ella y coincidimos. Pero sufro por darme cuenta de lo que dice, de lo que digo tan suelta de cuerpo. Él me quiere, me adora de vez en cuando. Diego se fue huyendo luego de un llamado incomodo a mi celular. Era el verdadero, y realmente quería verme. Corté sabiendo que le estaba dando el perfecto pie. La salida teatral que añoraba.
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VI-
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Porqué no me resigno a dejarlo ir. Ese que doblo la esquina y no se dio vuelta, el que camina por mi ancha vereda de San Telmo, ese nunca fue lo que yo quise. No colmó jamás mis expectativas, ni siquiera ayudó a palear el mal rato. Sólo estaba, molestaba. Pero como las perras de mis padres con las cuales debía convivir me hacía sonreír y despejarme. Caminar. Siempre fue bueno caminar, es bueno hacer ejercicio (un legado de otro hombre).
Porqué no me resignaré a admitir que es poco, que nivelo para abajo y me contento rápido. Es buena nena, no se queja, no llora y come lo que le dan sin dejar miguitas. Gauchita la pobre, tonta sentimental.
Abro la puerta y comienzo esa rutina que adoramos los que tememos a la depresión. Ayer volví a mis clases, otra vez aquel edificio decadente, esa horrible fábrica quebrada. Y Diego que parecía esperarme en el maldito segundo piso se percato enseguida de mi molestia. Siempre rodeado de chicas y yo sonrojada y nerviosa como si hubiese sido la que lo plantó impunemente. Se acercó y me susurro al oído lo linda que estaba y que aquellas lo aburrían. La pedantería me gusta, soy masoquista y lo que el mundo detesta a mi me enamora pero esa escena excedía mi tolerancia. Me acompañó a mi aula y prometió pasarme a buscar al terminar nuestros teóricos. Quería hablarme, saber de mi, pero como todas sus promesas nunca se cumplieron.
Yo no lo esperé y me fui sonriendo de tristeza, conforme. Había aprendido.

sábado, 23 de mayo de 2009

No me enorgullece

III-
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Cansada. Agotada. Agobiada emprendí el viaje de seguir la vida. Cruce la calle y me fui con él. La canción favorita de mi prima se escuchaba de fondo en algún auto exaltado de hombres jóvenes y borrachos.
Pasear por la ciudad siempre fue uno de mis pasatiempos y hacerlo de a dos era completar, como en el pasado. El rumbo elegido era hacia el río, hacia el mar, no importa, dos lugares que hoy me gustan. La costanera con el agua a un lado te hace hablar, divagar y aquel era de ese tipo de hombres.
Otra vez me case de blanco cuando me hablaba dulce, me tomaba de la mano y me susurraba. Nunca fui una persona fácil y rápidamente me deshacía de la idea de él, de un nosotros. Una semi entrega al fracaso, así.
Caminamos mucho por ese atardecer que se fue desenvolviendo en el silencio. Ese que yo aprendí a amar con el tiempo y que sabía él detestaba. Era una de mis pequeñas revanchas. Su andar variaba al estar tenso y la situación que él creía dominada poco a poco se le estaba volviendo en su contra. Yo hacía la nada, yo desaparecía en su presencia y lo descolocaba.
Llegamos a la esquina de Paseo Colón y Humberto Primo, Diego me toma violentamente y me besa en uno de sus adorados besos interminables.
- Besá bien – me dice y me río con más ganas que nunca, me fluye la risa como el Río de la Plata ahí nomás, tan cercano.
Venganza dos, pienso y sigo sonriendo ante su cara de orto. No quería todo esto, quería que me abrace, quería que los susurros y los besos fueran reales, como si lo eran mis simples mensajes, mis lentas caricias.
Me imagino dos trenes por vías perfectamente paralelas que se dirigen en direcciones perfectamente opuestas...lento...se cruzan...vibran, posiblemente uno más que el otro. El más débil queda fracturado por dentro, el otro pasa, pasa y nada más.
Él quiebra mi silencio, habla, interrumpe el zumbido de mi oído izquierdo, ese del que oigo un poco menos. Lo miro como ausente y se nota, quiero que lo note. Ya estamos por la costanera y por el viento. Decido bostezar en el momento exacto en que una mujer nos pregunta por una dirección, por una de esas torres conchetas perdidas entre los árboles. Mi desprecio ante la dama y no el que había tenido hacia él todo el camino lo frena, lo enfurece.
Su “-Que carajo te pasa?” por primera vez me da miedo. No quiero estar en ese lugar público pero indiferente. Cuando me toma del brazo con descuido se me cae leve, casi imperceptible, una lagrima. Diego no reaccionó ante ninguna de mis agresiones, mis venganzas, pero no pudo verme así. Mi cara de terror debió ser muy clara. Vuelve a jugar, vuelve a ser el novio y vuelvo a desmoronarme en nuestras manos entrelazadas. Otro día sin establecer posiciones. Un paso más al costado, nunca adelante.
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IV-

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Uno más de mis domingos solitarios, pienso y re pienso que quiero dejarlo, que quiero que desaparezca pero para siempre. Pasa una, dos semanas y Dieguito, el dulce se reincorpora a mi vida de mierda. Una sonrisa y un comentario desentendido me ubican como una loca paranoica, como la mujer absorbente a la que tanto le temo. Sos vos la fría que no le da nada o es él otro maldito infantiloide que te perturba la vida. Algo ya te decía cuando ingresaste a esa facultad que los hombres allí eran extremadamente femeninos, post post modernos, divas.
A partir de hoy mi vida será ascética, cero contacto con el exterior, apago el celular y no más conexión al maldito chat por el que él vive su vida.
¿Ascética? No te mientas más. El castigo no surte efecto. Me despedí el último domingo y le advertí que no me encontraría ya más en su listado de nombres ocurrentes y charlas superficiales. Despreocupadamente el Diego que nunca entiende nada, porque no le importa, me soltó un simple “-Nos vemos”. Y el témpano de hielo a derretirse en llantos de impotencia .
Entonces vuelve a desesperarme, le pasa la vida, lo atropella y él delante del lente de una cámara. Es un adolescente que me enloquece y que logró involucrarme en su vacío.
Escucho la puerta, bajo y su cara de orto nuevamente me recibe. -No se te encuentra y vine a verte-, me dice suelto. Me extrañó y me desea, y la caminata se reanuda perpetuamente en dirección al mar. Hoy no quiero el silencio, quiero gritarle que es un cínico hijo de puta, pero sus besos lo frenan y le sonrío atontada.
Sigo la vida, porque parece eso lo único que sé hacer. Permanecer, resistir. Pero no quiero eso Diego, quiero la pasión que el hombre perdió con la modernidad, con el SIDA y con los clones. Nos desplazamos una vez más. Tormentosa tarde, comenzó a llover y se fue. Esto, como todo, lo puso de mal humor. Yo me excuse que el clima ha sido muy caluroso para el otoño, que hay sequía y que se yo. Otra vez sola.

lunes, 18 de mayo de 2009

No me enorgullece

Aquí muere una de esas cosas que tienen necesidad de salir en algun momento y se convierten en "escritura". Ahora, largo rato después, tiene que continuar su camino hacia la basura/depósito: el blog. Es que me da cosita eliminarlo porque por las consecuencias de todo esto abrí este espacio asi que..
Entreténgase, pues, lector con un poco de autobiografía mal disimulada. (Más mal disimulada que de costumbre).
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Advertencia: son varios capítulos soporíferos.
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I-
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Lo iba buscando por la calle y apareció sin mas por ahí, por mi segunda pequeña casa improvisada. Buscaba alguna emoción, buscaba esfuerzo. Entre la repetición constante descubrí algo similar y distinto.
Terminamos después de un tiempo nada prudencial en aquella cama hundida, usada de mi dulce hogar.
Yo siempre dije que aquella era mi hermana y el correr del tiempo lo confirmó, lo confirmé. Mi hermana de convivencia sencilla y roles bien establecidos. Pero esto se trata de él, tal vez de ellos, pero nada más.
Quería más protagonistas en mi vida ya que algunos habían decidido partir sin mi consentimiento. Lo construí, lo fui armando como un playmobil. Ya en pocos días volví a mi rol de señorita pero ahora, eso sí, con leves cambios. En algún momento de leve lucidez una de mis inquietudes era su poder de acción que se notaba bastante mayor al mío. Este chico es aun más manipulador que yo. Y la que se fue haciendo a su imagen, cediendo desde aquel encuentro fui yo.
Nos encontramos en un verano que se pretendía oscuro pero que insistía con brillar y la gente se agolpaba para tener un lugar en nuestro viaje. Locuras de por medio me alegraba. Me alegraba mi hermana aunque temprano tuve que dejarla partir y debí resignar mi hogar para hundirme en la mierda triste pero con terraza.
Plagada de charlas psicoanalizadas empecé a conocerlo, salimos esa primer noche larga y me moría por dormir con él. La moral no existe y soy una guevarista de este postulado que me acompaña hace un tiempo. Los valores fluyen y las acciones se acomodan de acuerdo a los sentidos o acaso somos más que un animal, tan solo basta ver a los muchachitos de Gran Hermano. Pero actuando se manipula y más cuando no hay otro camino, entonces jugué a ser una de esas muñequitas frígidas de aquel novio gay llamado Ken.
¡Qué lindo es jugar de a dos!
Fui descubriendo al poco tiempo todo aquello que lo atormentaba. Me desgasté hasta que empezó a hacerlo él. Relevamiento. En poco tiempo me asignó un rol y me acordé de ella. Tenes que ser fuerte porque sino te va a pasar por encima. Y al otro día amanecí pensando lo inútil que son los consejos. Yo a su lado poniendo la mesa y lavando los platos.
Nos conocimos una noche rara y al momento ya me tenía.
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II-
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La absorción comenzó sin darme cuenta. Ahora veo que todo ocurrió sin mi consentimiento y sin mi conciencia. Sólo ocurrió, devino. Caminar era una rutina sencilla pero querible. Sus gestos eran constantes y yo estaba en primer lugar. Diego me integraba a su vida rápidamente y yo siempre la misma, la yegua fría.
Pasé un verano de amor, de dulzura que chorreaba. Poco a poco me fui resignando al amor de él.
Me abraza y me pregunta si lo extrañé. Yo sonrío. ¿Miento? Quiero mentir, estoy confiada, él me hace sentir así.
Rumbo al sur los besos largos y las charlas simples. Te gusta ser culto en la cama. Cosa extraña me abría un poco de su mundo después del sexo. Querrías sentirte querido, necesitabas sentirte bien.
Me fui construyendo el futuro que él quería sin abrirme, sin mostrarme. Por algo no quería serle. La intuición que cultivo no se resignaba a mis ganas de enamorarme.
El manipulador ganaba siempre y la semana previa no fue la excepción. Como siempre al río y me ahogue fácil en esa agua pútrida. Planteo armado que no enuncie por primera vez. Fui débil y me dolió. Se había tomado un receso que no creía importante y que me condujo a mi primer depresión.

domingo, 1 de marzo de 2009

Pasiva

Cedo siempre a tu sexo. Te vas frustrado y la molestia me excita.

Te pienso y me dejo coger mil noches, por mil tardes negadas.

martes, 16 de diciembre de 2008

Mi fin de semana



Descansa tranquila y muy de pronto un grito, la furia penetra en esa casa lejana. Esa quinta tranquila de las afueras se llena de golpes breves y retorna el silencio.
Silencio.
Un techo de chapa. Una ventana ruidosa.
Ella vuelve con mariposas en la panza, con latidos intensos.
No hay nadie aquí. Una falta. No regresó, se perdió en la mañana de la paz.
Ella grita, otra vez. Llanto, llanto.
Llantos.
El sonido polifónico de un teléfono que no se detiene, no se detiene la desgracia. No.
No puede entender en donde está. Tiene sueño y no logra comprender la intensidad de ese instante en el que no hay solución. Un paso en falso. Dio un paso equivocado y la catarata de mierda se desencadenó.
Plaza de pueblo invadida de eso. El diario que pulula de noticias como aquella pero la superposición de bosta de caballo pasa desapercibida en el campo.
Cúmulo, cúmulo de algo que no se detiene.
Entra y vuelve a gritar. Esa que lo mira todo pasar, parece fría, muda.
Las ventanas abiertas y las cortinas que flamean muy poco por el fuerte calor.
Llanto, caras desencajadas y el telefonito de fondo irritándolo todo, llenando de más ruido y tapando las palabras ausentes.
La plaza de pueblo, lo que determina cual de aquellos es mas o menos pintoresco, es donde se lleva a cabo la trampa. Una se salva. La otra amanece en un descampado con vista al lago.

viernes, 24 de octubre de 2008

Los convidados

Pastiche de hombres,
Pegoteo de una cama cubierta
Repleta de ácidos
Que queman
Penetran
Marean
Mean
Y
Se van.

Pastiche de hombres,
Rejunte de algún deshecho
Que se adhirió
sin querer
Limpieza
Y una ducha fría
Saliendo a ese,

tu balcón.
Respiro.

domingo, 25 de mayo de 2008

Prostitución

Prostitución adherida
de un polvo volátil.
Comparto una sabana, ni
una silla.

Úselo y tirelo
Uno, dos, tres, cuatro
A, a, a, Ahhh

Una canción de inspiración
rápida, igual a todo
conmigo escribiste
el libro que te salió lindo y aquello
otro también.


En esa cama que no cobra

esperando otra vez tu cara.

domingo, 13 de abril de 2008

Primera vez de una escena repetida

Ahora un fluir distinto
gris ausente y repetido.
Un ciclo, otro ciclo.

Te envuelve aquel en su mierda
no resuelta
En su niñez perdida
Y te ata, me ata.

No hay lluvia, ni lágrimas
Tal vez un dejo de tristeza.
Se seca todo, simple
va cayendo.

Él persiste, renace
Arma otro círculo
que sólo excita por su calidad
de otro, nada más.

Camina tranquilo, sonríe
Actúa por primera vez una escena repetida.
Logra el aplauso de su amor efímero.

domingo, 2 de marzo de 2008

Pileta

Un circulo de mierda.
Nada te corresponde
tal vez a vos.
Todo sonríe o ¿no?

Me case de blanco
en el primer escalón.
¿Porque carteles luminosos?
Luz tenue.
Gomosos.
No puedo tocarlo
y sigue usándome.

Seca, seca
quiero mojarme en esa pileta.


24/09/07

miércoles, 20 de febrero de 2008

La niña yegua

La joven, la niña yegua saluda al gordo libidinoso.
Él con desidia y una sonrisa falsa la abandona en un colectivo.
Ella se va contenta.
La paraguayita.
Sigue por la calle aquel hombre abusador, camina en su sudor.
Ella que sonríe, va recordando la noche mersa de un telo gris, sabanas gastadas y una tele a fichas.
Piensa, tal vez, que él la quiere, la desea. Pero aquel la usa como una porno. Es más efectiva que su mano cansada y más firme, porque de eso no hay dudas, su cuerpo es de lo que jamás tuvo.
La niña yegua camino a su pensión vuelve a esa cama compartida, al olor de esa piel que lejos de darle asco le eriza la piel, excitándola. Ella lo desea, ella cree encontrar el amor de las leyendas contadas por su abuela en el sexo sin gusto que le da él.
Omar camina tranquilo, despejado, relajado. Una alta abogada pasa con su pollera elegante camino a tribunales. Su mirada no se contiene, no tiene deseos pero le grita, la acosa contra la pared mugrienta de la calle Libertad. La mujer elegante lo empuja y él continua caminando como si nada.
Su naturaleza, su ser.
El calor, en gotas que corren por su rostro, lo cubre todo en esa mañana de febrero mientras ese micro centro oficinista se va transformando en Constitución. Él vuelve a dormir con la que lo mantiene. Ella afronta un día de trabajo soñando con él.

18/02/08

miércoles, 13 de febrero de 2008

Otro

Expectativa puesta en vos
en que así deje de fluir este
río de mierda
que no acaba.
Una erección perpetua,
una agonía que no declina,
que no descansa.
Mis piernas se agotan
pero hoy te esperan.
Uno nuevo, otro.
Ya desconfiada, ya triste
salgo y espero.
30.11.07

 
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